Vender más no arregla un mal margen: la lección de 19.000 millones en pérdidas del delivery (Delivery Hero y Just Eat)

Escrito el 22/07/2026
sergio


Vender más no arregla un mal margen: si cada nueva venta deja poco dinero y exige más estructura, el crecimiento no soluciona el problema, lo hace más grande.

 

Durante la pandemia, el reparto de comida a domicilio parecía uno de esos negocios en los que era imposible equivocarse. Los restaurantes estaban cerrados, millones de personas no podían salir de casa y cada día aparecían más bicicletas y motocicletas con las mochilas de Glovo, Just Eat, Uber Eats o Deliveroo.

Los pedidos se dispararon. Solo en España, los ingresos generados por el reparto de comida a domicilio crecieron un 60% entre 2019 y 2021, según los datos recogidos por el Gastrómetro de Just Eat. Todo indicaba que las plataformas habían encontrado uno de los grandes negocios de la década.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre encontrar clientes y construir un negocio rentable.

Delivery Hero, propietaria de Glovo, multiplicó por cuatro su cifra de negocios entre 2019 y 2021, pero acumuló cerca de 9.400 millones de euros en pérdidas entre 2020 y 2025. Just Eat Takeaway perdió más de 10.000 millones entre 2020 y 2024. Entre las dos superaron ampliamente los 19.000 millones de euros en números rojos.

Es importante precisar que no estamos comparando exactamente el mismo mercado ni el mismo periodo. El crecimiento del 60% corresponde al sector español entre 2019 y 2021, mientras que las pérdidas pertenecen a dos grupos internacionales durante varios ejercicios. Tampoco significa que cada pedido generase una pérdida directa: en sus resultados aparecen deterioros de adquisiciones, amortizaciones y otros costes extraordinarios.

Pero la conclusión empresarial sigue siendo incómoda: crecieron con una rapidez extraordinaria sin haber demostrado antes que todo ese crecimiento creaba suficiente valor económico.

Y eso no es un problema exclusivo de las grandes plataformas tecnológicas. También ocurre en pequeñas empresas que celebran cada aumento de facturación sin saber cuánto dinero les deja realmente atender un pedido más.

Delivery Hero: multiplicar los ingresos no fue suficiente

Delivery Hero fue una de las grandes protagonistas del auge del reparto a domicilio. El grupo alemán se expandió mediante plataformas como Foodpanda, PedidosYa, Talabat, Woowa y Glovo, consiguiendo presencia en decenas de países.

La estrategia parecía tener sentido. En un negocio de plataforma, cuanto mayor es el número de usuarios, restaurantes y repartidores, más sencillo debería ser repartir los costes tecnológicos y operativos. La teoría dice que, cuando se alcanza suficiente escala, el coste medio de cada pedido disminuye y el negocio comienza a generar beneficios.

El problema aparece cuando la escala tarda demasiado en producir esas economías o, sencillamente, no consigue compensar todos los costes que acompañan al crecimiento.

Delivery Hero tuvo que invertir en tecnología, publicidad, descuentos, captación de usuarios, expansión internacional, personal y adquisiciones. También debía gestionar una operación compleja en la que alguien tenía que recoger un pedido, desplazarse por la ciudad y entregarlo rápidamente, aunque el valor económico de esa compra fuera relativamente pequeño.

A eso se añadieron los costes laborales y regulatorios. En el caso de Glovo, Delivery Hero tuvo que abonar 524 millones de euros por multas y obligaciones con la Seguridad Social derivadas de la reclasificación de sus repartidores. Además, la compañía llegó a estimar riesgos adicionales relacionados con esta cuestión de entre 641 y 1.047 millones de euros.

Este punto es especialmente relevante para cualquier empresario. Un modelo de negocio no debe funcionar únicamente con los costes que nos gustaría tener. Tiene que funcionar con el coste real de contratar, producir, transportar, garantizar, devolver, financiar y cumplir la normativa.

Si el margen solo aparece cuando ignoramos alguno de esos costes, no existe un margen. Existe una previsión demasiado optimista.

En 2020, durante el entusiasmo provocado por la pandemia, Delivery Hero llegó a alcanzar una capitalización bursátil cercana a los 30.000 millones de euros. En julio de 2026, Uber presentó una oferta de 41,50 euros por acción, valorando el conjunto de la compañía en unos 13.000 millones de euros.

La empresa continúa teniendo clientes, tecnología, marcas y una enorme presencia internacional. No ha desaparecido. Pero la distancia entre aquella valoración y la actual demuestra que crecer mucho no garantiza crear el valor que accionistas e inversores esperaban.

Just Eat y una adquisición que terminó destruyendo valor

Just Eat Takeaway siguió un camino parecido. En 2020, después de fusionarse con Takeaway.com, acordó la compra de Grubhub, una de las grandes plataformas estadounidenses de reparto de comida, por aproximadamente 7.000 millones de euros.

Era una operación ambiciosa. Permitía a Just Eat entrar con fuerza en Estados Unidos y presentarse como uno de los grandes grupos mundiales del sector. Sin embargo, las expectativas de crecimiento y rentabilidad que justificaban aquella compra no terminaron cumpliéndose.

Solo dos años después, Just Eat ya estaba buscando un comprador para Grubhub. Finalmente, la operación se cerró en enero de 2025 con la venta a Wonder por un valor empresarial de 650 millones de dólares.

La diferencia no puede interpretarse únicamente comparando el precio de compra y el de venta, porque las dos operaciones tenían estructuras financieras distintas. Pero el deterioro del valor fue evidente. En sus resultados de 2024, Just Eat reconoció pérdidas netas de 1.645 millones de euros, afectadas principalmente por un deterioro de 1.002 millones relacionado con Grubhub.

La historia contiene una lección que va más allá del reparto a domicilio. Muchas empresas utilizan el crecimiento para justificar inversiones, contrataciones o adquisiciones que todavía no se sostienen con la rentabilidad actual. La expectativa es que el nuevo volumen termine arreglando los números.

En ocasiones sucede. Pero, cuando no sucede, el crecimiento no solo deja de solucionar el problema: aumenta su coste.

Just Eat había comprado tamaño, clientes y presencia internacional, pero una parte importante de ese crecimiento no generó el rendimiento esperado. En 2025, la propia compañía terminó siendo adquirida por Prosus por unos 4.100 millones de euros.

Deliveroo confirma hacia dónde se dirige el sector

Deliveroo también acabó integrándose en un grupo más grande. En octubre de 2025, DoorDash completó su adquisición por aproximadamente 2.900 millones de libras.

En menos de un año, tres de los grandes operadores europeos del reparto a domicilio terminaron absorbidos por compañías o inversores con más capacidad financiera: Just Eat pasó a Prosus, Deliveroo a DoorDash y Delivery Hero inició su integración en Uber.

La concentración no significa que el reparto a domicilio no tenga futuro. Significa que, después de años compitiendo por crecer, el mercado ha empezado a exigir algo más: escala real, control de costes, capacidad para negociar, información sobre el comportamiento de los usuarios y rentabilidad.

Durante los años del dinero barato, una empresa podía financiar durante más tiempo la captación de clientes, las promociones o las pérdidas de cada nueva ciudad. Cuando aumentó el coste de la financiación, la pregunta dejó de ser cuánto estaba creciendo y pasó a ser cuánto dinero podía generar con ese crecimiento.

Esa misma pregunta debería hacerse cualquier empresario antes de contratar a otra persona, abrir un nuevo local, lanzar una campaña de publicidad o aceptar más trabajo.

El dato que suele faltar: cuánto deja una venta adicional

Una empresa puede conocer perfectamente su facturación mensual y, aun así, no saber cuánto gana con cada venta.

El error comienza cuando se resta al precio únicamente el coste más visible. Un restaurante mira los ingredientes. Una empresa de reformas mira los materiales. Una tienda online mira el precio de compra del producto. Un despacho profesional mira las horas que calcula que dedicará al cliente.

Pero alrededor de cada operación suelen aparecer más costes: transporte, comisiones, medios de pago, preparación, atención al cliente, devoluciones, horas de supervisión, desplazamientos, garantías, incidencias y financiación.

Después están los costes fijos que no crecen de manera lineal, pero sí lo hacen por escalones. Puede que cien pedidos adicionales no obliguen a contratar a nadie, pero quinientos sí. Puede que diez clientes nuevos quepan en la estructura actual, pero el undécimo obligue a incorporar a otra persona, alquilar más espacio o comprar maquinaria.

Por eso, antes de celebrar una venta adicional, conviene calcular su margen de contribución: lo que queda de esa venta después de descontar todos los costes variables necesarios para atenderla. Ese importe será el que permita pagar los costes fijos y, una vez cubiertos, generar beneficio.

Si el margen de contribución es demasiado pequeño, vender más puede generar mucha actividad sin producir un resultado suficiente.

Una empresa puede facturar un 25% más y perder todavía más dinero

Imaginemos una pequeña empresa que factura 600.000 euros al año. Después de descontar materiales, personal directamente ligado al servicio, comisiones, transporte y otros costes variables, conserva un margen de contribución del 18%.

Esto significa que sus ventas dejan 108.000 euros para pagar los costes fijos. Sin embargo, la estructura de la empresa cuesta 150.000 euros al año. Por tanto, el negocio pierde 42.000 euros.

El empresario decide que la solución consiste en vender más y consigue aumentar la facturación un 25%, hasta alcanzar los 750.000 euros. Pero para atender el nuevo volumen necesita incorporar a otra persona, ampliar el almacén y aumentar el gasto en publicidad. Los costes fijos suben hasta 180.000 euros.

Concepto Situación inicial Después de crecer
Facturación 600.000 € 750.000 €
Margen de contribución 18% 18%
Margen generado 108.000 € 135.000 €
Costes fijos 150.000 € 180.000 €
Resultado –42.000 € –45.000 €

La empresa factura 150.000 euros más, atiende más pedidos, tiene más empleados y soporta una operación más compleja. Sin embargo, pierde 3.000 euros más que antes.

Además, probablemente necesitará financiar compras, nóminas e impuestos mientras espera a cobrar de sus clientes. El resultado no será únicamente una pérdida contable mayor. También aumentará la tensión de tesorería.

El problema no es que la empresa haya crecido. El problema es que ha intentado utilizar el crecimiento para compensar un margen insuficiente sin corregir antes los costes, los precios o el modelo operativo.

La caja puede romperse antes de que llegue el supuesto beneficio

Incluso cuando una venta adicional tiene un margen positivo, el crecimiento puede consumir caja.

Una empresa puede tener que comprar materiales hoy, pagar las nóminas a final de mes e ingresar el IVA antes de cobrar una factura a 60 o 90 días. Cuanto más vende, más dinero necesita adelantar para sostener la operación.

En ese escenario, la cuenta de resultados puede mostrar un beneficio mientras la cuenta bancaria se vacía.

Este problema está relacionado con otro riesgo del crecimiento que ya expliqué al hablar del overtrading: una empresa puede ser rentable y, aun así, quedarse sin dinero por crecer demasiado rápido. En aquel caso, el problema principal era la financiación del crecimiento. En este aparece incluso antes. Si cada venta deja un margen insuficiente, vender más deteriora el resultado y, además, aumenta el dinero que la empresa necesita adelantar.

Esta es una de las razones por las que algunos empresarios sienten que trabajan y facturan más, pero cada vez dependen más de la póliza de crédito. El dinero no ha desaparecido: está inmovilizado en existencias, facturas pendientes de cobro, anticipos, impuestos o trabajos todavía no terminados.

Por eso, una previsión de crecimiento debería responder al menos a tres preguntas: cuánto margen adicional producirá, qué nuevos costes fijos obligará a asumir y cuánto dinero habrá que financiar hasta convertir las ventas en cobros.

Si solo se proyectan los ingresos, no se está planificando el crecimiento. Se está imaginando una parte de la historia.

Qué deberías calcular antes de intentar vender más

No hace falta construir un sistema financiero propio de Delivery Hero para conocer la rentabilidad de un pequeño negocio. Pero sí es necesario separar correctamente los números.

Primero hay que conocer el ingreso real por operación, una vez descontados descuentos, devoluciones y comisiones. Después deben identificarse todos los costes variables necesarios para atenderla. La diferencia será el margen que esa venta aporta para cubrir la estructura.

A continuación, conviene calcular cuántas operaciones necesita la empresa para alcanzar el punto de equilibrio y en qué momento el nuevo volumen obligará a aumentar la estructura. Una contratación puede ser necesaria y rentable, pero debe incorporarse a la previsión antes de firmar el contrato, no cuando el saldo bancario ya ha empezado a caer.

También hay que estimar el ciclo de caja: cuándo se paga a proveedores y empleados, cuándo se cobran las ventas y qué impuestos se generarán durante el proceso.

Finalmente, el margen debe revisarse por cliente, producto, servicio o canal. Una facturación global aparentemente rentable puede esconder líneas que sostienen el negocio y otras que consumen sus recursos. Sin esa separación, una empresa puede impulsar precisamente la actividad que menos dinero le deja.

Crecer no es el objetivo. El objetivo es crear una empresa mejor

Delivery Hero, Just Eat y Deliveroo no fracasaron por falta de ventas. Consiguieron millones de usuarios, cambiaron los hábitos de consumo y construyeron marcas conocidas en todo el mundo. Su problema fue convertir todo ese volumen en una rentabilidad suficiente y sostenible.

Una pequeña empresa no dispone de miles de millones de euros ni de inversores dispuestos a financiar pérdidas durante años. Por eso debe detectar mucho antes si su crecimiento está creando margen o simplemente aumentando la actividad.

Como director financiero externo, una parte importante de mi trabajo consiste precisamente en separar estas tres realidades: cuánto factura la empresa, cuánto beneficio genera y cuánto dinero termina llegando a la cuenta bancaria.

Cuando esas cifras se analizan por cliente, producto o servicio, aparecen decisiones que la facturación total nunca muestra: qué precios hay que revisar, qué trabajos no compensan, qué clientes consumen demasiados recursos y cuánto crecimiento puede soportar realmente la empresa.

Vender más puede ser una excelente decisión. Pero únicamente cuando cada nueva venta deja suficiente margen y la empresa puede financiar el camino hasta cobrarla. De lo contrario, el crecimiento no soluciona el problema. Lo hace más grande.

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