Un buen cierre de año no consiste en cuadrar números, sino en desnudar la realidad de tu negocio para decidir cómo quieres que empiece el siguiente.
Cuando se acerca el final del año, la mayoría de negocios se centran en cerrar contabilidad, presentar impuestos y enviar documentación a la asesoría. Pero lo que pasa es que se queda en un ideal.. La realidad es que hasta enero del siguiente año no hacen nada, porque es cuando se presenta los impuestos y es entonces cuando a toda prisa hay que cerrar el año.
Por eso, antes de seguir quiero que entiendas la importancia del Director Financiero externo, porque es él quien de verdad se sienta a realizar contigo esta tarea que aquí se describe, es más, esto aplica si eres autónomo o empresa.
El cierre del ejercicio es una oportunidad única para hacer una radiografía completa del negocio: detectar debilidades, reforzar el balance y entrar en el nuevo año con un plan claro, no solo con los papeles en regla.
A partir de un checklist de 10 puntos, te propongo un recorrido práctico, pensado para autónomos y pequeñas empresas, para que el cierre de año se convierta en una herramienta de gestión y no en un mero trámite administrativo.
1. Pérdidas: ¿estás actuando sobre ellas o simplemente las aceptas?
Ver números en rojo en la cuenta de resultados no es el problema real; el problema es no preguntarse por qué están ahí.
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Muchas empresas arrastran actividades que pierden dinero año tras año sin tomar decisiones.
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El cierre de año es el momento ideal para analizar: líneas de negocio, clientes, productos y servicios que no son rentables.
Idea clave:
No se trata de “aguantar hasta que mejore”, sino de decidir qué hay que ajustar, qué hay que renegociar y qué, quizá, deberías dejar de hacer.
2. Fondos propios: ¿tu empresa está capitalizada como debería?
Si tu negocio está muy endeudado y apenas tiene fondos propios, la estructura financiera es frágil.
En algunos casos, una ampliación de capital (aportación de los socios) puede ser la forma más sana de:
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Reducir la dependencia de préstamos y pólizas.
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Mejorar la imagen frente a entidades financieras y proveedores.
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Dar respaldo a un plan de crecimiento que de verdad tenga sentido.
No es un fracaso, es una decisión de gestión: si el modelo es viable pero el balance está débil, reforzarlo es un movimiento lógico.
3. Inversiones disfrazadas de gastos: ¿lo estás contabilizando bien?
Muchas empresas llevan directamente a gasto partidas que, en realidad, son inversiones que se van a aprovechar durante varios años:
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Desarrollo o mejora de software propio.
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Reformas relevantes en local, instalaciones o maquinaria.
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Determinados proyectos de diseño, marca o procesos.
Revisar esto al cierre de año te permite:
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Reclasificar lo que corresponde como activo.
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Amortizarlo poco a poco según su vida útil.
Resultado: un beneficio menos castigado y un balance que refleja mejor el patrimonio real de la empresa.
4. Stock: ¿lo que dice el programa coincide con lo que hay en el almacén?
El inventario es una de las áreas donde más errores y “fugas silenciosas” se producen:
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Diferencias entre lo que marca el sistema y lo que realmente tienes.
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Productos caducados, rotos u obsoletos que siguen valorados como nuevos.
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Falta de recuentos físicos periódicos.
En el cierre de año deberías:
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Hacer inventario real (no solo “de pantalla”).
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Registrar ajustes por mermas, obsolescencia y diferencias.
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Revisar si tu política de compras tiene sentido con la rotación real.
Un stock inflado engorda ficticiamente el beneficio y el patrimonio.
5. Proyectos de I+D+i: ¿están identificados y correctamente tratados?
Muchas pymes están innovando sin etiquetar lo que hacen como I+D+i:
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Desarrollo de nuevos productos.
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Mejora de procesos internos.
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Implementación de soluciones propias.
Si todos esos esfuerzos se contabilizan de forma indiscriminada como gasto del ejercicio:
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El resultado puede quedar demasiado penalizado.
En cambio, si separas los proyectos, documentas su impacto y, cuando procede, los activas como inmovilizado:
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Estás reconociendo que esos recursos generan valor más allá de este año.
6. Intangibles: ¿sabes realmente qué tienes y cuánto vale?
Dentro del balance pueden aparecer activos como:
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Software.
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Patentes o licencias.
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Fondo de comercio.
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Derechos de uso, concesiones, etc.
El cierre de año es un buen momento para preguntarse:
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¿Siguen teniendo sentido los valores que aparecen?
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¿Están bien documentados los criterios de valoración?
Un intangible mal calculado puede hacer que tu patrimonio parezca mayor de lo que en realidad es.
7. Test de deterioro: ¿tus intangibles siguen valiendo lo mismo?
En activos como el fondo de comercio y otros intangibles no amortizables, la normativa obliga a valorar si han perdido valor.
En la práctica, muchas empresas:
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Nunca revisan esas cifras.
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Mantienen importes altos que ya no se justifican con los resultados actuales.
El test de deterioro anual permite:
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Ajustar el valor de esos activos a la realidad del negocio.
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Evitar que el patrimonio contable esté hinchado artificialmente.
8. Marca: ¿está protegida y alineada con tu balance?
Aunque no siempre tenga reflejo contable, la marca puede ser uno de los activos más potentes de una empresa:
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Te ayuda a fidelizar clientes.
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Te diferencia de la competencia.
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Aporta valor en una futura venta del negocio.
Al menos deberías preguntarte:
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¿La marca está registrada y protegida?
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¿La estrategia de comunicación y posicionamiento está alineada con el resto de decisiones financieras?
En determinados casos, y con el asesoramiento adecuado, una marca puede reconocerse como activo intangible. En otros, bastará con cuidar su protección y desarrollo, aunque no se active contablemente.
9. Deuda y apalancamiento: ¿motor o lastre?
No toda la deuda es negativa; la clave es qué tipo de deuda tienes y para qué la usas:
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Financiación de circulante sano y proyectos rentables → puede ser positiva.
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Préstamos para ir tapando agujeros operativos → señal de riesgo.
Al revisar tu cierre de año, mira:
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Peso de la deuda sobre tus ventas y tu beneficio operativo.
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Proporción entre corto y largo plazo.
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Coste medio de la financiación.
Si la mayor parte de tu energía se va en pagar intereses y renegociar pólizas, quizá el problema no es el banco… sino el modelo financiero de tu negocio.
10. Controles internos: ¿revisas tus números o simplemente los archivas?
Una vez cerrado el ejercicio, muchos negocios guardan las cuentas y no vuelven a mirarlas hasta el año siguiente.
En cambio, un mínimo sistema de control puede incluir:
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Revisiones internas de tesorería, cobros y pagos.
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Conciliación periódica de bancos e inventarios.
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Cuadros de mando sencillos para seguir ventas, márgenes y gastos.
El cierre de año debería ser el punto de partida para implantar estos controles, no el final del camino.
Convertir el cierre de año en una ventaja competitiva
Si al repasar estos 10 puntos te das cuenta de que:
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Hay áreas que nunca has revisado con calma, o
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Dependéis totalmente de la asesoría para “sacar los números”…
…probablemente estás infrautilizando la información financiera de tu negocio.
Un buen cierre de año te permite:
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Tener una foto fiel de tu empresa.
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Tomar decisiones con datos y no solo con intuición.
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Arrancar el siguiente ejercicio con un plan económico claro.
¿Necesitas ayuda para revisar tu cierre de año?
Como Director Financiero externo, trabajo con autónomos y pequeñas empresas que quieren dar ese salto: pasar de “cumplir con Hacienda” a gestionar con mentalidad de CFO.
Si quieres que revisemos juntos tu balance, tu cuenta de resultados y tus decisiones clave para el próximo año, puedes:
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Analizar primero tu situación con este checklist.
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Y, si ves que hay demasiados “no” o “no lo tengo claro”, ponerte en contacto conmigo para hacer una revisión en profundidad y diseñar un plan de acción.
El cierre de año no tiene por qué ser sólo papeleo.
Bien utilizado, puede ser el punto de inflexión que tu empresa necesita.
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