El cuñado de los 40.000 euros y los tres Excels

Escrito el 11/06/2026
sergio


Cuando alguien va a invertir en tu empresa, no compra proyecciones. Compra confianza. Y la confianza empieza por entender los números.

 

Lo que ocurre cuando alguien de fuera quiere entrar en tu negocio y descubre que tus números y tu contabilidad no cuentan la misma historia.

Un empresario me llamó un martes por la tarde. Su cuñado quería entrar en el negocio. Poner 40.000 euros. Hacerse socio. Era una gran noticia: llevaban años trabajando juntos de manera informal y la confianza entre ellos era total. Solo había que preparar los números y firmar. Me pidió que le ayudara.

Lo primero que hice fue pedirle la información financiera de la empresa.

Me mandó tres Excels.

El primero era su control de facturación: lo que había cobrado cada mes, anotado a mano cuando le parecía relevante hacerlo. El segundo, una lista de gastos aproximados, algunos meses completa, otros con huecos que él rellenaba de memoria. El tercero, unas proyecciones a ojo sobre lo que podría ganar el negocio si entraba dinero nuevo, construidas con optimismo y sin base contable detrás.

Los revisé. Ninguno cuadraba con los otros dos.

Le pregunté si tenía la contabilidad oficial de la empresa. La que lleva su gestor. Las cuentas que se presentan a Hacienda cada trimestre.

Silencio.

"Eso lo lleva él. Yo no me meto mucho en eso."

Cuando llamé al gestor, apareció el problema de verdad

Me mandó los ficheros contables. Me senté a cruzarlos con los Excels del empresario.

Contaban historias distintas. No porque hubiera nada irregular. Sino porque son dos herramientas que miden cosas diferentes, con reglas diferentes, y casi nadie explica esa diferencia cuando empiezas un negocio.

El Excel recogía lo que él cobraba y lo que gastaba, más o menos, cuando le parecía importante anotarlo. Algunos meses con IVA incluido, otros sin él. Gastos personales mezclados con los del negocio. Una foto aproximada que solo él sabía leer.

La contabilidad oficial seguía otras reglas: registra cuándo se emite la factura, no cuándo se cobra. Con el IVA siempre separado. Con todos los gastos, incluidos algunos que él ni recordaba haber pasado al gestor. Perfectamente válida para cumplir con Hacienda. Difícil de entender sin formación.

Para Hacienda, la contabilidad era correcta. Para entender el negocio, no servía sola. Y los Excels tampoco, porque tenían demasiados huecos que solo el dueño podía interpretar.

El cuñado iba a poner 40.000 euros. Y en ese momento no existía una sola fuente de información que cualquier persona pudiera leer y entender.

Tres semanas para ordenar lo que llevaba años mezclado

No trabajamos para inventar nada. Trabajamos para hacer lo que nunca se había hecho: cruzar la contabilidad oficial con los datos reales del negocio, limpiar las diferencias y construir una imagen coherente de lo que la empresa había ganado y gastado en los últimos tres años.

Fue un trabajo tedioso. Había facturas registradas en la contabilidad que el empresario no recordaba. Gastos en sus Excels que nunca habían llegado al gestor. Meses donde el IVA estaba dentro de los ingresos y otros donde no. Pagos con tarjeta personal que eran gastos del negocio y nunca se habían recogido correctamente.

Nada grave. Nada que no sea perfectamente normal en una micropyme que lleva años funcionando a su ritmo, sin que nadie le haya explicado la diferencia entre gestionar y contabilizar.

Pero todo eso junto hacía imposible responder a la pregunta más básica que iba a hacer el cuñado:

¿Cuánto gana realmente este negocio?

Al final: una sola página

Tres años de resultados reales, ordenados y escritos en lenguaje normal. Lo que había entrado, lo que había salido, lo que había quedado. Los márgenes según el tipo de trabajo. Y una proyección honesta de lo que podría cambiar en el negocio si entraban esos 40.000 euros.

Sin tecnicismos. Sin tablas imposibles. Algo que cualquier persona pudiera leer en diez minutos y entender sin necesidad de haber estudiado contabilidad.

La reunión con el cuñado duró cuarenta minutos. Entró con cara de estar preparado para desconfiar. Salió preguntando cuándo podían firmar.

No porque los números fueran espectaculares. Sino porque eran claros, estaban justificados y cualquier pregunta que hizo tuvo una respuesta concreta.

Para alguien que va a poner dinero de su bolsillo, eso vale más que cualquier proyección optimista.

Lo que me llevo de este caso

La mayoría de autónomos y pequeños empresarios tienen dos mundos financieros que no se hablan entre sí. El Excel con el que gestionan el día a día, y la contabilidad que lleva el gestor para cumplir con Hacienda.

Los dos son necesarios. Pero ninguno de los dos, solo, sirve para entender realmente el negocio. Y casi nadie lo sabe hasta que alguien de fuera necesita verlo.

Mientras el negocio es solo tuyo, puedes vivir con esa desconexión. Tú conoces los números porque los has vivido. Sabes lo que significan aunque estén desordenados.

Pero en el momento en que alguien de fuera necesita entender tus finanzas, ya sea un familiar que quiere invertir, un banco que te pide documentación o alguien interesado en comprar el negocio, esa desconexión se convierte en el primer obstáculo.

No porque haya nada que esconder. Sino porque parece que sí.

Tener los números ordenados no es solo una cuestión de control. Es lo que te permite aprovechar las oportunidades cuando aparecen, sin improvisar.

¿Si mañana alguien de confianza te pidiera ver los números de tu negocio, tendrías algo que enseñarle que cualquier persona pudiera entender?

Si quieres que este próximo trimestre sea el primero en años donde tu empresa vaya por delante de los acontecimientos, puedo ayudarte. Como CFO estratégico, me encargo de ordenar tus números y diseñar la hoja de ruta financiera que tu negocio necesita para que tú, simplemente, te dediques a dirigir.

🗓️ Agenda tu sesión gratuita de 30 minutos:
👉 https://www.planificatusfinanzas.com/agendar-reunion