Muchos empresarios pasan décadas construyendo un negocio, pero olvidan construir el patrimonio que les permitirá vivir cuando dejen de trabajar.
Muchos empresarios dedican toda su vida a construir un negocio.
Consiguen clientes, contratan empleados, aumentan la facturación, mejoran los márgenes y toman decisiones constantemente para que la empresa siga creciendo.
Sin embargo, hay una planificación que suele quedarse siempre para más adelante: la de su propia jubilación.
Es curioso, porque hablamos de personas acostumbradas a pensar en el largo plazo. Invierten, asumen riesgos, hacen previsiones de ventas e incluso elaboran presupuestos a varios años vista. Pero cuando la conversación gira hacia la jubilación, la mayoría responde con frases como "ya veremos", "todavía queda mucho" o "la empresa será mi jubilación".
Y ahí empieza el problema.
La jubilación de un empresario no se parece a la de un trabajador por cuenta ajena. No basta con calcular la pensión pública o decidir cuánto ahorrar cada mes. Hay una variable adicional que puede cambiar por completo el resultado: la propia empresa.
Dependiendo del negocio que hayas construido, puede convertirse en el activo que financie buena parte de tu jubilación... o no aportar absolutamente nada cuando llegue el momento de dejar de trabajar.
Por eso, antes de hablar de inversiones, fondos o pensiones, conviene responder a una pregunta mucho más importante.
¿Qué parte de tus ingresos seguirá existiendo cuando tú ya no estés trabajando?
El mayor error: pensar que todos los empresarios llegan igual a la jubilación
Existe una idea muy extendida según la cual todos los empresarios tienen un patrimonio importante simplemente por tener una empresa.
La realidad es bastante diferente.
Dos empresarios pueden facturar cifras similares y, sin embargo, llegar a la jubilación en situaciones completamente opuestas.
La diferencia no suele estar en cuánto han trabajado.
Está en el tipo de negocio que han construido.
Podemos distinguir tres grandes perfiles.
| Tipo de empresario | ¿Existe un activo vendible? | ¿De dónde dependerá principalmente la jubilación? |
|---|---|---|
| Autónomo o profesional cuya actividad depende de él | Normalmente no | Patrimonio financiero e inmobiliario |
| Profesional con despacho o cartera de clientes | En algunos casos parcialmente | Patrimonio + posible transmisión de cartera |
| Empresa con estructura propia | Sí puede existir | Venta de la empresa, dividendos y patrimonio personal |
Esta clasificación parece sencilla, pero cambia por completo la planificación financiera.
No necesita la misma estrategia un abogado cuyo despacho depende exclusivamente de él que un empresario industrial con una organización capaz de funcionar sin su presencia diaria.
Y tampoco necesitan el mismo patrimonio para afrontar la jubilación.
¿Tu empresa es un negocio o un puesto de trabajo muy rentable?
No hay ninguna respuesta buena o mala.
Simplemente conviene saber dónde estás.
Hazte estas cinco preguntas.
- Si dejaras de trabajar durante tres meses, ¿la empresa seguiría funcionando?
- ¿Tus clientes compran a la empresa o realmente te compran a ti?
- ¿Existe alguien preparado para sustituirte?
- ¿La empresa seguiría generando beneficios aunque redujeras mucho tu implicación?
- ¿Crees que hoy habría alguien dispuesto a comprar el negocio?
Cuantas más respuestas afirmativas obtengas, más posibilidades existen de que hayas construido un activo empresarial con valor propio.
Si la mayoría son negativas, probablemente tu empresa dependa directamente de ti.
Y eso no es un problema.
Simplemente significa que tu jubilación dependerá mucho más del patrimonio que construyas fuera de la empresa.
Porque una cosa es tener un negocio rentable.
Otra muy distinta es tener un negocio que continúe generando valor cuando tú ya no estés al frente.
El patrimonio empresarial y el patrimonio personal no siempre son lo mismo
Este es uno de los conceptos que más sorprende cuando lo explico a empresarios.
Imaginemos una empresa valorada en un millón de euros.
Su propietario podría pensar que posee un patrimonio de un millón de euros.
Pero eso no siempre es cierto.
Primero porque esa valoración puede no materializarse nunca si no aparece un comprador.
Y segundo porque el patrimonio personal y el patrimonio empresarial son dos cosas distintas.
Es relativamente frecuente encontrar empresarios con una empresa muy valiosa y, al mismo tiempo, con un patrimonio financiero personal reducido.
Durante décadas han reinvertido todos los beneficios en el negocio.
Han comprado maquinaria.
Han ampliado instalaciones.
Han contratado más personal.
Han financiado el crecimiento.
Todo ello puede haber sido una magnífica decisión empresarial.
Pero también implica una concentración enorme del patrimonio en un único activo.
Y ningún activo, por bueno que sea, debería convertirse en el único plan para financiar una jubilación.
Un ejemplo práctico
Veámoslo con un caso sencillo.
José tiene una empresa de instalaciones eléctricas con varios empleados y una organización que funciona razonablemente bien.
María dirige un despacho profesional donde prácticamente toda la actividad depende de ella.
Entre ambos mantienen un nivel de vida que requiere unos 4.000 euros mensuales.
Después de analizar su situación, estiman que las pensiones públicas podrían situarse alrededor de 3.200 euros al mes entre los dos.
Eso significa que necesitarán generar aproximadamente 800 euros mensuales adicionales para mantener exactamente el mismo nivel de vida.
Hasta aquí, ambos parecen encontrarse en la misma situación.
Pero no es así.
José quizá consiga vender la empresa cuando llegue la jubilación.
Si eso ocurre, ese capital podrá incorporarse a su patrimonio e invertirse para generar rentas durante el resto de su vida.
Aunque tampoco existe ninguna garantía de que suceda. Puede que encuentre comprador, puede que la valoración sea inferior a la esperada o puede que el negocio dependa demasiado de él para resultar atractivo.
María parte de un escenario distinto, aunque no completamente vacío.
Su despacho depende en gran medida de su trabajo personal, por lo que no existe una estructura comparable a la de José. Pero sí conserva algo con cierto valor: una cartera de clientes consolidada durante años, que en determinados casos puede traspasarse a otro profesional del sector a cambio de una compensación. Normalmente esa compensación es muy inferior al valor de una empresa con equipo y procesos propios, pero no es cero.
Vender una empresa y traspasar una cartera son operaciones distintas, con lógicas y valoraciones muy diferentes entre sí. María debería contar con esa segunda opción dentro de su planificación, pero sin apoyar en ella el grueso de su jubilación.
Dos empresarios. Dos negocios rentables. Dos necesidades patrimoniales completamente distintas.
Ese es precisamente el motivo por el que no existen planes de jubilación universales para quienes tienen una empresa.
El cálculo no termina cuando conoces tu futura pensión
Muchos empresarios realizan un cálculo muy sencillo.
Estiman la pensión pública.
La comparan con sus gastos actuales.
Y consideran que esa diferencia será el dinero que necesitarán ahorrar.
Pero la jubilación rara vez funciona de esa forma.
No todas las etapas tienen el mismo coste.
Durante los primeros años suele aumentar el tiempo dedicado al ocio, los viajes o las aficiones.
Con el paso del tiempo aparecen otros gastos relacionados con la salud, la adaptación de la vivienda o la ayuda para determinadas tareas.
Y, finalmente, puede llegar uno de los mayores riesgos económicos para cualquier familia: la dependencia.
La asistencia domiciliaria o una residencia especializada pueden representar varios miles de euros mensuales durante años.
Por eso, limitar la planificación al desfase inicial entre ingresos y gastos puede ofrecer una sensación de seguridad que no siempre se corresponde con la realidad.
¿De dónde pueden salir los ingresos durante la jubilación?
Una buena planificación no consiste únicamente en ahorrar.
Consiste en construir diferentes fuentes de ingresos que reduzcan la dependencia de una sola.
En función de cada caso, esas fuentes pueden ser:
- La pensión pública.
- Una cartera de inversión diversificada.
- Inmuebles que generen rentas.
- Dividendos procedentes de una empresa que continúe funcionando.
- La venta del negocio, cuando realmente exista esa posibilidad.
- Productos aseguradores que cubran el riesgo de dependencia.
- Herramientas patrimoniales como la hipoteca inversa en determinados perfiles.
No todas las familias necesitarán utilizar todas ellas.
La clave consiste en diseñar una combinación coherente con el patrimonio existente, los objetivos personales y el tipo de empresa que se ha construido.
Cómo empezar a preparar la jubilación diez o quince años antes
Cuanto antes empiece esta planificación, más margen existirá para tomar decisiones.
Un proceso razonable podría seguir estos pasos:
1. Calcular el nivel de gasto real de la familia.
No cuánto se ingresa.
Cuánto cuesta mantener el estilo de vida actual.
2. Estimar la futura pensión pública.
No será una cifra exacta, pero sí una referencia sobre la que trabajar.
3. Analizar si la empresa constituye realmente un activo vendible.
Muchas veces esta respuesta cambia toda la estrategia.
4. Calcular el patrimonio necesario para cubrir la diferencia.
No solo durante los primeros años de jubilación, sino pensando en una esperanza de vida cada vez mayor.
5. Diseñar una estrategia de inversión adaptada al patrimonio y al horizonte temporal.
Cada familia tendrá necesidades diferentes.
6. Revisar el plan periódicamente.
La empresa cambia.
La legislación cambia.
La situación familiar cambia.
Y el plan también debe hacerlo.
La jubilación empieza mucho antes de dejar de trabajar
Después de acompañar a numerosos empresarios en la planificación de su patrimonio, hay una idea que siempre termina apareciendo.
La jubilación no se improvisa.
Tampoco depende únicamente de la pensión pública.
Ni de vender la empresa.
Ni de que los mercados acompañen justo cuando decides retirarte.
Depende, sobre todo, de las decisiones que vas tomando durante toda tu vida profesional.
Cada beneficio que transformas en patrimonio.
Cada inversión bien planificada.
Cada riesgo que reduces.
Y cada euro que consigues diversificar fuera del negocio.
Porque, cuando llegue ese momento, lo realmente importante no será cuánto facturó tu empresa durante sus mejores años.
Lo importante será si todo ese esfuerzo ha conseguido darte la libertad de decidir cuándo quieres dejar de trabajar... y mantener el nivel de vida que tanto tiempo te costó construir.
¿Quieres saber si tu empresa forma parte de tu jubilación o si tendrás que construirla por otro camino?
Cada empresario tiene una situación distinta. Analizar el valor real del negocio, estimar el patrimonio que necesitarás y diseñar una estrategia adaptada a tu caso puede marcar una enorme diferencia dentro de diez o quince años.
Si quieres empezar a planificarlo con tiempo, puedes solicitar una primera reunión y analizaremos juntos cómo convertir el trabajo de hoy en la tranquilidad financiera del mañana.
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