El IPC sube y el BCE podría elevar los tipos. La clave no es predecir qué ocurrirá, sino saber si tu negocio está preparado para soportarlo.
La inflación española volvió a acelerarse en julio. El IPC alcanzó el 3,6% interanual, cuatro décimas más que en junio y su nivel más alto desde mayo de 2024. La tasa mensual fue del 0,3% y la inflación subyacente aumentó una décima, hasta el 3%.
Al mismo tiempo, una encuesta de Reuters publicada el 13 de agosto muestra que el 83% de los economistas consultados espera que el Banco Central Europeo vuelva a subir los tipos en septiembre.
Son dos noticias diferentes, pero para el propietario de un pequeño negocio pueden convertirse en un mismo problema financiero: soportar costes más elevados mientras la financiación continúa siendo cara.
Por eso quizá sea un buen momento para dejar de mirar únicamente qué está ocurriendo con el IPC o qué podría decidir el BCE y empezar a preguntarse qué sucedería con los números de nuestro negocio si ambas circunstancias coincidieran durante los próximos meses.
El IPC sube, pero no todos los precios están comportándose igual
El repunte de la inflación española está especialmente relacionado con la energía y los carburantes. En términos interanuales, el gasóleo se encareció un 15,7%, la gasolina un 7,3% y la electricidad un 8,4%.
Los alimentos y bebidas no alcohólicas presentan una situación diferente. Aumentaron un 1,6% respecto al año anterior, su menor ritmo desde 2021, y durante julio incluso descendieron un 0,7% respecto al mes anterior.
Para un propietario, por tanto, saber que "la inflación está en el 3,6%" aporta información, pero no suficiente para tomar decisiones.
Dos negocios pueden estar sometidos al mismo IPC y recibir impactos completamente diferentes. Un profesional que trabaja desde un despacho tendrá una exposición reducida al combustible, mientras que una empresa de mantenimiento con varias furgonetas puede notar inmediatamente el aumento del gasóleo. Un restaurante, un comercio con cámaras frigoríficas o un pequeño taller tendrán además una sensibilidad diferente al precio de la electricidad.
Pero existe también un efecto indirecto. Los proveedores utilizan energía, los productos necesitan transportarse y determinadas actividades necesitan refrigeración, almacenamiento o fabricación. Si esos costes permanecen elevados durante suficiente tiempo, parte de la subida puede acabar trasladándose progresivamente a otros precios.
Por eso la primera pregunta no debería ser cuánto ha subido el IPC, sino qué parte de los costes de mi negocio está realmente expuesta a aquello que está subiendo.
Al aumento de costes puede añadirse una financiación más cara
La segunda noticia completa el problema.
En la encuesta realizada por Reuters entre el 10 y el 13 de agosto, 57 de los 69 economistas consultados —un 83%— esperan que el BCE eleve en septiembre el tipo de depósito un cuarto de punto, hasta el 2,50%.
Conviene insistir en algo importante: esto no significa que el BCE ya haya decidido subir los tipos. Es la expectativa mayoritaria de los economistas encuestados.
Lo especialmente interesante para un negocio quizá no sea siquiera esa posible subida de septiembre. Reuters recoge que alrededor del 80% espera que el tipo de depósito termine 2026 en el 2,50% y que un 63% considera que permanecerá en ese nivel al menos hasta el tercer trimestre de 2027.
La inflación de la eurozona alcanzó el 2,9% en julio y la misma encuesta no espera que regrese al objetivo del 2% hasta el tercer trimestre de 2027.
Esto cuestiona una hipótesis que puede aparecer fácilmente en la planificación de un pequeño negocio: confiar en que la financiación será sensiblemente más barata dentro de unos meses.
Puede ocurrir. Pero una inversión no debería necesitar que acertemos esa previsión para ser sostenible.
Si tienes una póliza de crédito, préstamos a tipo variable, vehículos financiados o estás pensando en adquirir maquinaria mediante financiación, necesitas saber qué ocurriría si el coste del dinero no baja tan rápido como esperabas.
El mismo negocio puede recibir los dos impactos
Imaginemos un negocio que factura 200.000 euros anuales, utiliza varios vehículos, mantiene una póliza de crédito y está pensando financiar una inversión de 30.000 euros para aumentar su capacidad.
Hasta ahora, sus previsiones contemplaban unos determinados costes de combustible y proveedores y la posibilidad de financiar esa inversión en mejores condiciones durante los próximos meses.
La situación actual obliga a analizar las dos variables conjuntamente.
Si aumentan algunos costes, el margen puede reducirse. Si al mismo tiempo la financiación permanece cara, una parte mayor de la caja tendrá que destinarse al servicio de la deuda. Y si el propietario había previsto realizar una inversión, contratar a alguien o aumentar su propia remuneración, puede descubrir que varias decisiones que individualmente parecían asumibles dejan de serlo cuando coinciden.
Eso no significa que haya que detener inversiones ni reducir gastos automáticamente. Significa que antes de comprometer dinero deberíamos saber hasta dónde pueden deteriorarse nuestros números sin poner en riesgo la tesorería.
No necesitamos predecir el IPC ni acertar qué hará el BCE
Aquí entra la planificación financiera.
No se trata de decidir que los costes van a subir exactamente un 3% o un 5%, ni de afirmar que el BCE aumentará necesariamente los tipos otros 0,25 puntos. Esos números pueden utilizarse simplemente como escenarios de estrés voluntariamente exigentes para comprobar cuánto aguanta el negocio.
No son pronósticos. Son preguntas que hacemos a nuestros propios números.
| Escenario | Costes sensibles | Financiación | Qué queremos comprobar |
|---|---|---|---|
| Actual | Costes actuales | Condiciones actuales | Margen y caja previstos |
| Moderado | +3% | +0,25 puntos | Si mantenemos margen suficiente |
| Exigente | +5% | Renovación más cara | Si deuda, inversión y tesorería siguen siendo sostenibles |
Cada negocio debería sustituir estos porcentajes por hipótesis coherentes con su propia estructura de costes y financiación.
El valor del ejercicio está en comparar resultados.
Si incluso bajo un escenario exigente el negocio mantiene margen, paga sus obligaciones y conserva una tesorería suficiente, el propietario dispone de capacidad para afrontar imprevistos.
Si, por el contrario, una modificación relativamente pequeña provoca una tensión importante de caja, el ejercicio habrá descubierto algo mucho más útil que intentar adivinar la próxima decisión del BCE: un punto débil del negocio cuando todavía estamos a tiempo de corregirlo.
Después de hacer los números hay que tomar decisiones
El ejercicio de escenarios no sirve de mucho si termina guardado en una hoja de cálculo.
Si encontramos una desviación relevante, debemos identificar qué palanca podemos utilizar. Dependiendo de cada negocio, las decisiones pueden pasar por cuatro áreas:
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Precios y margen. Determinar qué incremento de costes puede repercutirse al cliente y qué productos o servicios están dejando un margen insuficiente.
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Costes y productividad. Revisar proveedores, consumos, procesos o gastos que puedan reducirse sin deteriorar aquello que genera ingresos.
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Financiación e inversión. Analizar vencimientos, préstamos variables y nuevas inversiones para comprobar si su rentabilidad compensa el coste y el impacto sobre la caja.
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Tesorería. Determinar cuánto dinero necesita conservar el negocio para atravesar unos meses peores de lo esperado sin recurrir precipitadamente a financiación.
Así convertimos dos noticias macroeconómicas en algo útil: decisiones concretas sobre nuestro negocio.
Y existe una segunda inflación: la que soporta el propietario en casa
El propietario de un pequeño negocio tiene además una particularidad: puede recibir el impacto por partida doble.
Dentro del negocio paga combustible, electricidad, suministros, proveedores y financiación. Fuera del negocio paga transporte, alimentación, vivienda y los gastos de su familia.
Esto significa que el mismo entorno inflacionista que puede estrechar el margen del negocio también puede incrementar el dinero que el propietario necesita retirar cada mes.
Por eso negocio y economía familiar deberían mantenerse separados, pero planificarse conjuntamente. La remuneración del propietario no debería decidirse únicamente mirando cuánto dinero existe en la cuenta bancaria, sino considerando las necesidades familiares y la capacidad financiera real del negocio.
Antes de terminar esta semana, haz esta prueba
El IPC español ya está en el 3,6%. La encuesta de Reuters refleja una elevada probabilidad de otra subida de tipos en septiembre, pero la decisión final corresponderá al BCE.
Ninguna de esas dos variables depende de nosotros.
Lo que sí depende de nosotros es conocer qué ocurriría si el escenario fuese menos favorable de lo previsto.
Por eso te propongo que antes de terminar esta semana abras la previsión financiera de tu negocio y hagas seis cosas:
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Localiza los cinco gastos más expuestos a energía, transporte e inflación.
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Calcula qué sucedería si esos costes aumentaran un 3%.
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Identifica préstamos, pólizas, vehículos y cualquier financiación que pueda revisarse o renovarse durante los próximos doce meses.
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Simula un coste financiero algo superior al que tienes previsto.
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Comprueba cómo quedan tres cifras: margen, caja disponible y capacidad para pagar la deuda.
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Si alguna se deteriora demasiado, escribe qué decisión tomarías hoy para corregirlo: subir precios, reducir un coste, renegociar financiación, aplazar una inversión o reforzar tesorería.
No cierres el ejercicio hasta haber escrito al menos una decisión.
Porque conocer que el IPC está en el 3,6% no mejora tu negocio. Saber que el BCE podría subir los tipos tampoco.
Lo que puede mejorar tu negocio es descubrir cómo te afectarían ambas cosas y decidir qué vas a hacer antes de que ocurra.
Y si al realizar el ejercicio no sabes cuánto margen de seguridad tiene realmente tu negocio, no necesitas otra previsión económica.
Necesitas empezar por conocer tus propios números.
Si quieres empezar a planificarlo con tiempo, puedes solicitar una primera reunión y analizaremos juntos cómo convertir el trabajo de hoy en la tranquilidad financiera del mañana.
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