Los mercados privados pueden diversificar tu cartera, pero también reducir tu liquidez. Antes de invertir, analiza cuánto patrimonio tienes ya inmovilizado.
Durante muchos años, invertir en empresas no cotizadas, deuda privada, infraestructuras o determinados proyectos inmobiliarios estuvo principalmente al alcance de grandes patrimonios e inversores institucionales. Sin embargo, esta frontera se está reduciendo y cada vez existen más vehículos que permiten al inversor particular incorporar mercados privados a su cartera.
Una reciente entrevista de Cinco Días a Julián Gómez, responsable de mercados privados de Franklin Templeton para EMEA, Latinoamérica y el mercado offshore estadounidense, ofrece un dato que ayuda a entender el atractivo de este mercado: según Gómez, aproximadamente el 80% de las empresas mundiales que facturan más de 100 millones de dólares no cotizan.
Acceder a ese universo puede ampliar considerablemente nuestras posibilidades de inversión. Pero también plantea una cuestión que considero incluso más importante que decidir entre private equity, deuda privada o infraestructuras: antes de incorporar una inversión ilíquida deberíamos conocer cuánto de nuestro patrimonio ya lo es.
Los mercados privados ya no son únicamente para los grandes patrimonios
Una de las figuras que está contribuyendo a acercar estas inversiones al particular en Europa es el ELTIF, siglas de European Long-Term Investment Fund o Fondo Europeo de Inversión a Largo Plazo. Estos vehículos están diseñados para canalizar inversiones hacia activos de largo plazo y pueden proporcionar exposición a empresas no cotizadas, deuda privada, infraestructuras y determinados activos reales.
La evolución de la regulación europea ha buscado precisamente ampliar el acceso de los inversores minoristas a estos vehículos. Por eso no debemos asociar automáticamente los ELTIF a un determinado nivel de patrimonio: las condiciones de acceso, los mínimos de inversión y las posibilidades de reembolso dependerán del producto concreto.
Al mismo tiempo, dentro del universo de los mercados privados existen otros fondos y vehículos de capital privado accesibles desde cantidades cercanas a 10.000 euros. Esto supone un cambio importante respecto a un mercado tradicionalmente vinculado a grandes patrimonios, pero también puede generar una confusión: el mínimo que exige un producto para permitirnos entrar no determina cuánto deberíamos invertir en él.
Para alguien con varios millones de euros de patrimonio, inmovilizar 10.000, 50.000 o incluso 100.000 euros puede representar una parte relativamente pequeña de sus recursos. Para una persona con 100.000 o 150.000 euros de patrimonio financiero, una inversión de 10.000 euros puede tener un impacto mucho mayor sobre su capacidad para disponer de dinero cuando lo necesite.
La democratización de los mercados privados amplía las posibilidades de inversión, pero también hace más necesaria la planificación.
Diversificar tu cartera no significa necesariamente diversificar tu patrimonio
Cuando hablamos de inversiones solemos fijarnos en la cartera financiera: fondos, ETF, acciones, bonos, depósitos o efectivo. Nuestro patrimonio, sin embargo, es mucho más amplio y puede incluir la vivienda, otros inmuebles, participaciones empresariales y, en el caso del propietario de un negocio, probablemente uno de sus activos más importantes: su propia empresa.
Esto provoca que una persona pueda tener una cartera financiera aparentemente diversificada y, al mismo tiempo, mantener un patrimonio muy concentrado o con poca liquidez. El problema es especialmente relevante para el propietario de un negocio, porque una parte considerable de su riqueza puede depender de una única empresa que, además, difícilmente puede convertirse en dinero de un día para otro.
La comparación de la imagen permite entender por qué dos personas con exactamente el mismo patrimonio pueden tener capacidades completamente diferentes para asumir una inversión ilíquida. Si una concentra buena parte de su riqueza en su negocio y sus inmuebles, mientras la otra mantiene la mayor parte en activos financieros líquidos, destinar 100.000 euros a mercados privados no supone la misma decisión patrimonial para ambas.
Este principio encaja con uno de los fundamentos de la construcción de carteras: además de rentabilidad y riesgo, deben considerarse restricciones como la liquidez, el horizonte temporal, la fiscalidad y las circunstancias particulares del inversor.
El propietario de un negocio ya tiene una inversión privada
Esta es probablemente una de las ideas más importantes cuando trasladamos los mercados privados al patrimonio del propietario de un negocio.
Quien posee una empresa ya tiene exposición a un activo privado. Su negocio puede representar una parte importante de su patrimonio, generar la mayor parte de sus ingresos presentes e incluso convertirse en una pieza fundamental de su futura jubilación. Si además posee vivienda u otros inmuebles, una proporción elevada de su riqueza puede encontrarse ya concentrada en activos que no puede vender rápidamente.
Incorporar private equity, deuda privada o determinadas inversiones inmobiliarias puede diversificar su cartera financiera, pero simultáneamente aumentar el porcentaje de su patrimonio que permanece inmovilizado. Esto no significa que deba excluir los mercados privados, sino que su capacidad para asumirlos debe analizarse teniendo en cuenta todo lo que ya posee y no únicamente el saldo de su cartera de inversión.
Una persona cuyo patrimonio está formado principalmente por activos financieros líquidos parte de una situación completamente diferente a la del propietario que concentra buena parte de su riqueza, sus ingresos y su futuro financiero en su propio negocio.
La liquidez del fondo y la liquidez de tu patrimonio son dos cosas diferentes
Uno de los aspectos fundamentales de los mercados privados es precisamente la liquidez. Aunque determinados vehículos puedan establecer ventanas o mecanismos de reembolso, esto no convierte automáticamente sus inversiones subyacentes en activos líquidos. Una participación en una empresa privada, un préstamo, una infraestructura o un proyecto inmobiliario no cuenta necesariamente con un mercado permanente donde pueda venderse inmediatamente al precio al que aparece valorado.
Por eso, antes de invertir conviene analizar la liquidez desde tres perspectivas:
- Liquidez del producto: cuándo podemos solicitar el reembolso, qué preaviso existe, qué límites pueden aplicarse y qué otras condiciones establece el vehículo.
- Liquidez de los activos: con qué facilidad pueden venderse realmente las empresas, préstamos, infraestructuras o activos inmobiliarios que existen dentro del fondo.
- Liquidez de nuestro patrimonio: cuánto dinero podemos obtener sin tener que vender nuestra vivienda, desprendernos del negocio o depender de que una inversión de largo plazo pueda reembolsarse cuando nosotros queramos.
Desde el punto de vista de la planificación financiera, la tercera puede terminar siendo la más importante. Si durante los próximos años vamos a necesitar capital para invertir en el negocio, comprar una vivienda, pagar impuestos, financiar estudios, amortizar deuda o complementar nuestra jubilación, esas necesidades deberían formar parte de la decisión antes de determinar cuánto podemos inmovilizar.
Tener inversiones diferentes no significa tener riesgos diferentes
La iliquidez tampoco es el único elemento que debemos analizar. La diversificación puede ser aparente cuando diferentes activos dependen de los mismos factores económicos.
Pensemos, por ejemplo, en el propietario de un negocio relacionado con la construcción que además posee varios inmuebles e incorpora a su cartera deuda privada inmobiliaria y un fondo de infraestructuras. Formalmente tiene inversiones diferentes, pero una recesión acompañada de un endurecimiento del crédito podría afectar simultáneamente a su negocio, al mercado inmobiliario y a parte de sus inversiones privadas.
Por eso, contar el número de productos de una cartera no nos dice necesariamente lo diversificado que está nuestro patrimonio. La teoría de carteras establece que el beneficio de la diversificación depende de cómo se relacionan los riesgos de los diferentes activos y no simplemente del número de inversiones que tengamos.
Antes de incorporar una nueva inversión deberíamos preguntarnos no solamente qué producto estamos añadiendo, sino qué riesgo económico estamos incorporando al patrimonio que ya tenemos.
Antes de invertir, construye tu balance patrimonial
La decisión sobre cuánto destinar a mercados privados debería comenzar fuera de la plataforma donde contratamos las inversiones. Primero necesitamos conocer qué tenemos, qué debemos, qué parte de nuestro patrimonio podemos convertir fácilmente en dinero y qué necesidades financieras tendremos durante los próximos años.
Un ejercicio sencillo consiste en dividir nuestro patrimonio en tres grandes bloques:
| Tipo de patrimonio | Ejemplos | Pregunta que debemos hacernos |
|---|---|---|
| Líquido | Efectivo, cuentas y determinados activos financieros | ¿Cuánto puedo utilizar rápidamente si lo necesito? |
| Liquidez limitada | Inversiones con determinadas ventanas o condiciones de salida | ¿Cuándo y bajo qué condiciones puedo recuperar mi dinero? |
| Ilíquido | Negocio, vivienda, inmuebles y determinadas inversiones privadas | ¿Qué ocurriría si necesitara este dinero antes de lo previsto? |
Después debemos incorporar las necesidades previsibles de capital: objetivos familiares, inversiones empresariales, impuestos, jubilación, amortización de deuda y cualquier desembolso importante que podamos anticipar. Además, deberíamos conservar un margen para acontecimientos que hoy no podemos prever.
Solo después de realizar este ejercicio tiene sentido determinar cuánto capital podemos permitirnos mantener comprometido durante varios años. Este enfoque coincide con los principios básicos de planificación de carteras, donde la elección de los activos debe adaptarse a los objetivos del inversor y a restricciones como liquidez, horizonte temporal, fiscalidad y circunstancias particulares.
Haz este cálculo antes de incorporar mercados privados
Podemos dar un paso más y obtener una primera fotografía de nuestra situación con un cálculo muy sencillo. Suma el valor aproximado de tu vivienda, otros inmuebles, negocio, inversiones privadas y cualquier otro activo que no puedas convertir fácilmente en dinero. Después divide esa cantidad entre tu patrimonio total:
Patrimonio ilíquido ÷ Patrimonio total × 100
Supongamos que tienes un patrimonio total de 600.000 euros y que 420.000 euros corresponden a tu vivienda, tu negocio y otras inversiones ilíquidas:
420.000 € ÷ 600.000 € × 100 = 70%
Eso significa que aproximadamente el 70% de tu patrimonio ya se encuentra inmovilizado. Si ahora estás pensando en destinar otros 30.000 o 50.000 euros a mercados privados, quizá la primera pregunta no debería ser cuánto pueden rentar, sino cómo quedaría tu capacidad para afrontar una necesidad de dinero durante los próximos años.
Este porcentaje no determina por sí solo si debes o no invertir en mercados privados. Para tomar esa decisión también habrá que considerar ingresos, gastos, deudas, objetivos, horizonte temporal, necesidades futuras de capital y capacidad para asumir pérdidas. Sin embargo, el ejercicio puede descubrir una concentración que mirando únicamente nuestra cartera financiera quizá no estábamos viendo.
Los mercados privados pueden tener un lugar en la cartera
Nada de lo anterior significa que debamos evitar el private equity, la deuda privada, las infraestructuras, el inmobiliario u otros activos alternativos. Pueden ampliar considerablemente el universo disponible y desempeñar una función interesante dentro de determinadas carteras. De hecho, private equity, private debt, real estate e infrastructure forman parte de las principales categorías de inversiones alternativas analizadas en la gestión de carteras.
El problema no está en acceder a estas inversiones, sino en confundir accesibilidad con conveniencia. Que un vehículo permita invertir desde 10.000 euros no significa que cualquier persona que disponga de esos 10.000 euros deba inmovilizarlos. De la misma manera, una posible rentabilidad superior no compensa automáticamente cualquier nivel de iliquidez.
Por eso, antes de preguntar «¿qué porcentaje debería invertir en mercados privados?», considero mucho más útil responder a otra cuestión:
¿Qué porcentaje de mi patrimonio puedo permitirme mantener inmovilizado durante los próximos años sin comprometer mis objetivos personales, familiares o empresariales?
Haz hoy el cálculo con tu propio patrimonio. Si descubres que una parte importante está concentrada en tu negocio, inmuebles u otras inversiones ilíquidas, no significa necesariamente que tengas un problema. Significa que la liquidez debería formar parte de tu planificación antes de incorporar una nueva inversión.
En Planifica tus Finanzas entendemos la inversión como una parte de la planificación patrimonial completa. Primero analizamos objetivos, necesidades de liquidez, negocio, inmuebles, deuda y necesidades futuras; después decidimos qué inversiones tienen sentido y qué peso debería ocupar cada una.
Porque la cuestión no es solamente encontrar buenas inversiones, sino decidir cuánto puedes destinar a cada una sin poner en riesgo el resto de tus objetivos financieros.
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